enero 02, 2012

Los secretos del sabático. Primero.



He tenido la oportunidad, el privilegio y, porqué no decirlo?, el regalo de poder disfrutar de un fabuloso año sabático. Muchos quisieran hacerlo y sé que no todos lo han hecho, ni lo harán. Razones? Muchas. Pretextos? Quizás más. De ellos ya hablaremos. Por el momento me quedo con el hecho de que soy muy afortunada de haberlo podido hacer.


Quiero compartir entonces con ustedes este regalo y revelarles los secretos del sabático, de mi sabático. En este tiempo tuve ocasión de platicar con muchas personas y puedo decirles que mi mayor sorpresa fue darme cuenta de cuán incrédulos se mostraron la mayoría de que yo hubiera podido regalarme un año sabático. Se ve como un lujo o un sueño casi inalcanzable. Además, un sabático es para gente de 60 años, no de 33 (según los cánones de la sociedad).


Y es que todos quisieran hacer lo mismo, a todos se les antoja, pero muchos no creen poder hacerlo, sobre todo por cuestiones económicas según dicen. Yo por mi parte creo que el dinero es el pretexto que muchas veces encubre los miedos que son las razones reales por las que no hacemos las cosas.


En las charlas de amigos, casi invariablemente, en alguna parte de la conversación, llegaba la pregunta: ¿Pero cómo le hiciste para mantenerte todo este tiempo? O ¿Cuánto tenías ahorrado para poder hacer lo que hiciste?


Esas preguntas y el tema recurrente del dinero me hicieron reflexionar seriamente sobre cómo fue que le hice en realidad. Evidentemente las respuestas fueron siempre más allá del dinero. Porque no es solo un montón de dinero o una cuenta exorbitante lo que se necesita para realizar cualquier proyecto, incluido éste.


Así que, habiendo terminado ya oficialmente mi año sabático, hoy quiero compartirles lo que he denominado “Los secretos del Sabático”, que no son más que mis conclusiones de lo que fue necesario en este año para vivirlo a plenitud, como de hecho lo hice y mis consejos y recomendaciones para que ustedes también puedan vivirlo.



Secreto uno. Decídelo.


Puede sonar simple o bobo, pero en realidad, el primer y quizás más difícil paso es, una vez que se pensó en tener un año sabático, decidir que se quiere vivir la experiencia. Nos la pasamos soñando cosas, viajes, actividades. Algunas cosas nos gustaría hacerlas solo por saber qué se siente pero otras nos apasionan de verdad. Una vez que identifiques que quieres hacer algo, decide hacerlo.


En el inter de esos dos procesos, el deseo y la decisión, entrarán en juego millones de pensamientos que te harán estructurar complejos argumentos para no llevar a cabo tu proyecto. Que si tu proyecto laborar, que si tu casa, que si tus cosas, que si tu coche, que si tus amigos, que si tu familia. Solo decídelo y luego hazlo.


Algo importante para compartir es que al principio, no tenía claro qué haría en ese sabático. Solo sabía que si seguía haciendo lo mismo que había estado haciendo los últimos 10 años de mi vida, no sería feliz. Ni siquiera consideré el dinero en ese momento. Y el año sabático no pretendía ser de 365 días exactos. Solo sabía que quería un break, pero un break total. 

Mi hermana Paty me preguntó que si no me daba miedo. Le contesté que sí. Pero hay que aprender a convivir con nuestro miedo, es como nuestra sombra. Siempre te acompaña pero es ella quien se mueve a tu ritmo, no tú al de ella. Es solo cuando tú decides detenerte que ella permanece inmóvil. Así que si tú te mueves, el miedo se moverá contigo, quizás te seguirá, pero no te paralizará. 


En mi caso, cuando viajo me imagino que tomo al miedo con una de mis manos y con la otra mi boleto de avión y mi maleta. Quizás si el miedo no trae boleto no lo dejen pasar y se quede lejos de mí. Seguramente me encontraré con él en otro lado, pero será un miedo diferente. El otro se queda allá, en el lugar en el que se elige ser valiente y salir en busca del sueño.


Quiero contarles que una noche antes de partir de viaje a Europa, por un periodo de 3 meses, mientras estaba en el DF me entró un ataque de nervios. Comencé a tener taquicardia, estuve a punto de desmayarme en la calle, sentía que las piernas se me doblaban, estuve agarrada del brazo de un amigo durante al menos un par de horas porque sentía que quizás no sería capaz de hacerlo. Sentía una angustia terrible por la incertudumbre de lo que me esperaba en otro lugar. Y esque no era un viaje de placer; sino un viaje al viejo continente que quizás simbolizaba hacer un viaje también a lo profundo de mi ser, y eso da miedo. 


Quiero contarlo porque mucha gente me ve y me dice, - Qué valiente eres! – Pero creo que es importante que conozcan que la valentía a veces estuvo precedida por o viene acompañada de ese miedo, casi incontrolable, que si lo dejas, te paralizará y te impedirá ir tras lo que quieres.


Así que, la próxima vez que quieras algo, solo decídelo y toma a tu miedo con una mano. Quizás, irónicamente, con él te sientas acompañado, y dejes de tener miedo.

noviembre 03, 2011

Regreso al nido

Tras más de 4 meses de ausencia en este blog, hoy retomo las letras para compartir de nuevo lo vivido. De alguna manera a mis lectores les causaba emoción la estancia en Europa; la aventura de la cartera perdida, el vuelo sin boleto, la multa con boleto, pero en mi regreso a México, durante 5 meses, hubieron cosas también divertidas pero sobre todo importantes para mi vida.

Hablemos del regreso al nido, a los orígenes, al hogar, es decir, a casa de mis padres. Es difícil establecer las condiciones de convivencia después de tantos años de separación. Lo primero que sucedió fue que al día siguiente de yo haber regresado, salí con unos amigos, y mi papá, sin saber que yo estaría afuera, cerró con pasador la puerta. Cuando, a las 3 am, me di cuenta de eso, estuve a punto de irme a dormir a casa de mi amiga, pero imaginé que sería peor la regañada por no haber llegado, que por haber llegado tarde y además haberlos despertado, así que llamé por teléfono y mi padre, modorro, tuvo que bajar a abrir la puerta. Creo que no necesito platicar el sermón del día siguiente.

Muchos me preguntan cómo es posible que a mis 34 años, mis padres me regañen por llegar tarde. Supongo que se preocupan por lo que pueda pasar. No puedo más que estar agradecida porque sé que les importo, que están al pendiente y que velan por mi bienestar (aunque no esté de acuerdo, jeje).

Horarios, actividades, todo se ve un tanto modificado. Para mí, por el hecho de no estar en MI casa; para mis padres, por el hecho de tener a alguien más viviendo en SU casa. Pero fue un excelente ejercicio para convivir un poco más con ellos. Como bien - o quizás no tan bien - sabemos , la vida puede acabarse en cualquier instante. Es sumamente valioso entonces el tiempo que podamos compartir con nuestra gente, y aprender a verlos más allá.

Nada se compara con comer algo rico en casa. Siempre me he preguntado, si hiciéramos un concurso de a qué mamá le sale más rica la sopa de fideo, quién ganaría. Cada quien votaría por su propia madre. Regularmente escucho algo como: nadie hace la carne en su jugo, o el mole, o el arroz, o el cocido, o la lasagna, como mi mamá. Y es que cada uno aprendemos a comer con esos sabores, los de mamá. Al menos a mi favor, puedo decir que efectivamente, mi madre es una excelente cocinera, reconocida reiteradamente por cuanto comenzal se sienta a su mesa. Cuando estaba a punto de partir para Madrid, mi familia me hizo una comida de despedida y me preguntaron que qué quería. Se me antojó tanto una carne en su jugo! Luego el guacamole y frijolitos, que en mi dieta no pueden faltar y unas tostadas de lomo regalo de mis tíos!!! Fue una excelente comida. Gracias!

Un día mi hermana Paty me invitó a comer a su casa. Sin yo saberlo, era una ocasión especial, ya que ella y mi cuñado Armando me pedirían hacerles el gran honor de apadrinar a su recién nacida, María José. Este hecho nos unió más a mi hermana y a mí. Nos hizo compartir muchos ratos, momentos, espacios, ideas, para el bautizo y seguramente para la vida. Cuando ella comentaba con sus amigas que en casa de mi mamá nos reuníamos todas (hermanas, mamá, tías, primas) para cocinar, hacer arreglos florales, bolos, llenar el carrito del candy bar, hacer los recuerditos, y todos los etcéteras de los preparativos para el bautizo, más de alguna le dijo: -"Qué padre! yo no tengo aquí a mi familia." o "A mí me gustaría que mi familia fuera tan unida."

Para quienes tenemos este tipo de convivencia con la familia, nos parece normal y de aplicación general que así sucedan las cosas. Me doy cuenta de que no es así. Esos regalos los atesoro y valoro hoy aun más, cuando, sin el agobio del trabajo y el trajín del día a día, puedo verlos y darme cuenta de que son cosas que existen y que se cultivan; que las relaciones no se dan así como así y que es la cotidianidad la que las va creciendo o matando.

Y los sobrinos. Creo que a ellos les dedicaré una entrada especial. Han llenado mi vida y mi alma de tal manera que merecen unas buenas líneas que más adelante escribiré.

En resumen me siento muy agradecida, afortunada y bendecida por los padres que tengo, por su hospitalidad en estos meses, por su amor en el transcurso de mi vida y por su apoyo incondicional a pesar de no estar del todo de acuerdo en mis decisiones. Han sabido estar, darme soporte e inclusive aguantar esto que implica tener hijos y acompañarlos a lo largo de su camino. Y también por mi familia toda. Si en algún momento hubiera que decidir si volver o no, ellos serían en definitiva un factor de mucho peso en la balanza.


junio 14, 2011

Fíjate bien cuando viajes a Grecia ... todo puede pasar.

Estaba en Roma. Saldría en unas cuantas horas hacia Grecia y no se me había ocurrido que no hubiera tren para el aeropuerto en la madrugada. Mi vuelo salía a las 6.40 a.m., por lo tanto tendría que buscar transporte para ir al aeropuerto sin que me saliera caro como un taxi. Y es que si el vuelo costó 90 euros y el taxi cuesta 50 euros, pues ya no es negocio. 

Después de buscar, tenía ya por fin un plan B, que para llevarlo a cabo tendría que salir de casa como a las 2.30 am Tomaría un autobús que me llevara a un lugar en donde se supone que saldría otro autobús hacia el aeropuerto.

No pude dormir bien con la angustia de no despertar a tiempo, asi que estuve dormitando y despertando con sobresaltos cada 20-30-40 min hasta que dieron las 2.10 am. Me levanté, tomé mis cosas y salí a la esquina, a tomar el autobús nocturno. Eran como 2.35 cuando llegué a la parada. Tardó media hora en llegar mi chofer particular (yo era la única que iba subida en el vehículo ese).

A las 3.15 am llegamos al lugar en el que tendría que esperar a que pasara el autobús con dirección al aeropuerto. No podría ni imaginarme esa escena en la cd. de México: estar afuera de cualquiera de las centrales de autobuses a las 3 am en el DF, en la calle, con choferes alrededor? Seguramente no pasarían ni 5 min antes de que alguien me asaltara o se me acercara para sabrosearme. Sin embargo yo sentía que en ese lugar yo estaría segura y que todo saldría bien. 

De pronto llegó una pareja. Ella vestía de azafata. El, un guapo italiano que acompañaba a su amante para dejarla sana y salva rumbo a su trabajo. Yo solo pensaba en lo extraño de ir a dejar a tu novia a la chamba a las 3.30 am.

Luego llegaron unos japoneses, para variar con maletas rígidas de colores psicodélicos. Llegó el autobús. Sentí alivio. Eran las 4 am. La llegada al aeropuerto tardo 45 min. 

Mi vuelo estaba retrasado. Después me di cuenta de que en realidad no estaba retrasado sino que no existía. Aquí es donde entra toda la historia anterior de haber volado sin boleto, pero en ese momento, a las 6 am, yo no atinaba a entender nada. Seguramente el factor madrugada también influyó en que todo el personal de la aerolínea y del aeropuerto pasara por alto el error en mi boleto de avión. En fin. Llegué a Atenas.

Me desplacé al hostal que había reservado y ahí esperaría a que llegara por mí una amiga de mi primo, que obviamente yo no conocía más que por facebook. Prividencialmente ella estaba en esos días en Atenas de vacaciones así que además, tenía mucho tiempo libre para pasear junto conmigo. Llegué, me registré, pagué y llegó Crystal. En ese momento se dio cuenta de que venía sola y me dijo: pensé que venías con amigos! por eso no te ofrecí mi casa, pero si puedes cancelar la reserva hazlo, para que te quedes con nosotros.

Después de esa tarde que pasamos recorriendo varios sitios de Atenas y que charlamos largo y tendido tomando un café griego en la Plaka, decidí que sí me iría con ellos. Claro que era preferible pasar la noche en el depa de una amiga de mi primo que en un hostal con 5 cuates más en la misma habitación. Pensé que inclusive si no me devolvieran nada de dinero en el hostal, era una mejor opción de alojamiento. 

Afortunadamente, después de dar muchas opciones, la empleada del hostal me reembolsó algo de lo pagado. Como dice el dicho: de lo perdido ... lo recuperado! Mi visita a Atenas entonces fue sumamente divertida, con charlas muy amenas, antro, cenas, caminatas. 

Me encantó la ciudad y este viaje a Atenas fue muy particular. En primer lugar porque no lo tenía planeado; surgió por la mera cercanía con Roma y como yo ya estaba ahí, decidí ir y conocer. Luego por el incidente del vuelo sin boleto de avión. Ya por ese solo hecho, valió la pena haber viajado. La experiencia de haber llegado al aeropuerto a las 5 am después de un recorrido de madrugada por la ciudad fue buena. Me enseñó que de verdad, todo siempre va a estar bien, y que hay que hacer las cosas a pesar del miedo. Y por último, la cereza en el pastel, haber conocido a Crystal, a quien yo llamé una princesa griega. Fue también un angel, uno de los muchos que aparecieron en mi camino durante mi viaje, y ahora una amiga. 

Así que encontré muchas cosas hermosas en Grecia (además de los griegos, claro está!) y muchos aprendizajes. Me queda pendiente regresar. Si tenía un vuelo gratuito, lo considero como una invitación a volver a tierras helénicas. 

mayo 10, 2011

Ser madre de la esencia, a pesar de la ausencia

Primero fue una sospecha. Unas cuántas náuseas atribuibles a posibles varias causas, algunos dolores ... era posible. Luego una muestra de sangre, el nervio todo el día y de pronto el momento de la apertura del sobre en el que leí POSITIVO y lloré. Fueron las primeras lágrimas de madre que rodaron por mis mejillas. 


Días de incertidumbre, de temor, de emoción, de imaginarte, de pensarte, de sentir cómo todo el mundo cambiaría para girar ahora alrededor tuyo, porque era tu momento de comenzar a hacerlo girar y el mío de acompañarte y enseñarte. El primer ultrasonido y la doctora dijo: "Ves ese frijolito? es tu bebé!". De nuevo lloré. 


Luego escuchar tu corazón. Casi podía sentirlo tan rápido como el redoble de un tambor. Y de nuevo lloré. No sé si tiene que ver con esto que dicen de que la sensibilidad se incrementa durante el embarazo, pero es cierto que es tanta la emoción, que no encuentra otra forma de salir que a través del llanto. Lágrimas que salen solas, de pronto y que van siempre acompañadas de un escalofrío lleno de emociones, y que se mueve desde el corazón. 


Hubo una noche que se hizo larga, y estuvimos casi en vela tú y yo. Supongo que el vaivén de las contracciones no te dejaría descansar bien y estar a gusto. Nos recetaron reposo y estudios. Durante el estudio dijo el doctor: "Aunque no las sientas, tienes contracciones". Y era verdad, en ese momento no las sentía. Nos acababa de decir que eras una niña. Creo que al saberlo, todo se me olvidó. Confieso que tuve miedo pero estaba feliz, y lloré. 


Los dolores no cesaron y a la mañana siguiente luchamos tú y yo. No estoy muy segura de si luchabas por salir o por quedarte. Luego comencé a platicar contigo, y a pedirte que te quedaras conmigo, pero supongo que no dependía totalmente de tí decidir eso. Pedí también que sucediera lo que fuera amoroso para todos. Y así sucedió, sin duda alguna. De pronto una fuerte contracción y se rompió la fuente. Y lloré.


Tu nombre, Victoria.


Y a partir de ahí ha sucedido lo más maravilloso de todo. Aprender a ser tu mamá y amarte sin haberte visto, aunque sí habiéndote conocido. Sucedió entonces que comencé a experimentar la maternidad desde la inmaterialidad; desde tu no presencia, y más bien desde tu esencia; y eso, Victoria, es lo mejor que me ha ocurrido. 


Esa experiencia me ha permitido moverme a hacer lo que una madre orgullosa de serlo, hace. Nos enseñan que debemos honrar a nuestros padres. Yo hoy sé que debemos de honrar también a nuestros hijos. Porque llegan a nuestras vidas para un propósito en específico, y no solo para obedecernos; vienen a enseñarnos una forma diferente de amor; llegan para hacernos vibrar y para sacudir nuestros esquemas desde lo raíz más profunda que éstos tengan. Porque desde el mismo y preciso momento en el que uno engendra, todo el mundo se mueve y sucede que vemos más órbitas que giran a la par que la nuestra, pero de nuestra mano.


Lo curioso es que soy yo la que he ido de tu mano y fuiste tú la que comenzó a darle "vuelo" a mi vida, como en los volantines, cuando alguien se queda abajo impulsando al que feliz se sube sin pensarlo, riendo de alegría por la emoción de sentirse libre girando. 


Hoy me siento agradecida de todo lo que con tu esencia me has revelado y honro tu venir, siendo orgullosamente tu mamá. Y el llanto sigue, con la misma emoción que sale del corazón, y el increíble orgullo de sentir tu presencia siempre conmigo. 

abril 30, 2011

En honor a los niños de mi infancia

Es fácil felicitar en el día del niño, a los que en el momento tienen una corta edad. Pero en este día del niño en especial, quiero felicitar y honrar a los niños de mi infancia. A los que estuvieron junto a mí, siendo niños, en mi niñez. 


Algunos lo saben, algunos no, pero yo me considero oriunda de la Ciudad de México, o sea, chilanga. Para tranquilidad de los tapatíos, mi acta de nacimiento dice que soy de Guadalajara, sin embargo, yo digo que uno es de done se cría y es en el DF en donde crecí. En este sabático, decidí pasar un mes en la ciudad en la que aprendí a andar en bicicleta,  a hacer sumas y restas, a atravesar la calle, a jugar resorte, la ciudad en la que está el departamento de Niágara No. 55, marcado con el interior 402, y en el cual viví por más de 10 años.



Regresé a México por un mes, en este sabático, no como otras veces que solo iba a trabajar y tomaba café o desayunaba con algún amigo que tenía tiempo en esos días. En esta ocasión volví para respirar mi ciudad más allá del smog, regresé como quien regresa al nido, y descubrí parte de mi esencia. Fue como revivir quién había sido de pequeña. Recorrí casi a diario las calles de la colonia Cuauhtémoc, esa en la que me crié, a dos cuadras del Angel y del Paseo de la Reforma. Y reaparecieron los amigos de la infancia. Hicimos una reunioncita de reencuentro y fue como volver a ser niños. Nos divertimos, reímos, y sentí que había una cierta complicidad entre todos. Esa de haber compartido travesuras, aulas, maestros; esa de recordar cosas a través de las pláticas de otros; esa de ser exalumno del Boston.


Es curioso darse cuenta de la percepción que los demás tenían de mí: Marcela, eras una matada!! y además nunca me dejabas copiar en los exámenes. Es cierto, la rectitud me ha caracterizado siempre en ese y en muchos otros aspectos de mi vida. Esa rectitud en más de una ocasión se ha convertido en cuadratura e intransigencia. Lo bueno es darme cuenta de ello. De pronto escuché a niños de 7-8-9 años diciéndome algo que, hoy a mis 33, sigue siendo un patrón. Queridos amigos, gracias por hacérmelo ver. 




El reencuentro con los compañeritos del Boston me ha permitido además conocer y ver más a fondo a la que considero mi tercera hermana, Angela, mi Negra, la única con la que he mantenido contacto desde los 3 años de edad. Fue mi comadre inseparable de estudios, de recreos, de tardes de jugada de nuestras mamás. Teníamos un grupo y pensábamos concursar en la televisión imitando a Flans. Ella era Ivonne, Lety era Ilse y yo Mimí. Nuestras mamás nos veían ensayar y se reían seguramente al ver que nuestra afición no era tanta porque tampoco fuimos tan insistentes para participar y nunca nos llevaron al concurso de Siempre en Domingo. 


Ahora Angela y yo somos cómplices, confidentes, amigas, hermanas. Y es que alguien a quien se conoce por 30 años no es cualquier persona.


Hay dos niñas con las que pasé el mayor tiempo de mi infancia, Paty y Cherie, mis hermanas. Con ellas crecí, compartí cuarto, jugué y peleé hasta el cansancio; con ellas patiné y anduve en bicicleta. Recuerdo el día que ellas dos jugaban "uñitas" en Perisur, girando, y de pronto se soltaron, y Adriana (Cherie) se fue de boca contra el piso y sangró. Mis padres estaban en una óptica y los empleados nos ayudaron para curar a la niña. 




En una ocasión rompimos la cabecera de la cama jugando a "la casita". Amarrábamos la sábana a la cabecera y "se rompió". La reparación y pintura que hicimos fue tan buena, que mi madre no se dio cuenta del hecho sino varios años después. Ya para cuando nos quiso regañar le dijimos: "Apenas te estás dando cuenta???". El Parque Naucalli, las idas a Tequesquitengo, los viajes a Guadalajara que hacíamos por carretera (cuando no había maxipistas) y eran 7 horas de juegos, canciones, pasarle los cassettes a mi papá para que los pusiera, contar vacas, coches, chistes, ver las nubes, jugar a las manitas (claro, hasta que una lloraba), cantar la larguísima canción de "La rana que estaba sentada cantando debajo del agua-gua-guaaaaaa" y que ahora mis sobrinos cantan junto con nosotras. Con mis hermanas compartí escuela, ropa, juguetes, en fin. "Es de las tres", decíamos. Y esque mis padres nos enseñaron a compartir. Nos turnábamos el control de la tele, el asiento del coche, la bicicleta, los patines, y todo lo que venía en presentación de una o dos unidades. Ibamos al catecismo a un parque cerca de mi casa y luego jugábamos un rato y juntábamos catarinas y gusanos quemadores. Todo lo hacíamos a pie: la escuela, el parque, el super, el inglés, el francés, la pintura, la natación ... 


Los otros hermanos son los primos. Eramos en el Boston "los niños Isunza" y a veces Miss Chelito, la directora, le daba a mi tía la queja de una de nosotras. Ella solo decía: "Yo le paso su recado a mi hermana". Siempre les dijeron que si eran gemelas aunque a mí no me parecían tan iguales. Las maestras nos conocían a todos. 


Gaby y Rafael fueron como hermanos para mí. Siendo yo la mayor de las hermanas y no teniendo un hermano varón, y mucho menos mayor, en más de alguna ocasión, ante algún niño gandalla, utilicé el recurso de "mi primo es más grande y le digo a él para que me ayude". Al fin y al cabo él tenía amigos. Compartimos muchas cosas juntos. 




Jugábamos baseball los 5 en su habitación, que entonces me parecía inmensa, y que ahora que lo pienso, seguramente no medía más de 4x4 mts y todavía corríamos! Es esa percepción de la inmensidad de las cosas que se tiene cuando uno es niño que me encanta y que me encantaría que persistiera en la adultez. Es impresionante llegar al patio de la casa de tu abuelo y darte cuenta de que te parecía enorme y es apenas un pequeño lugar.


Hoy me he reencontrado con mis primos. Cuando nos fuimos a vivir a Guadalajara, la distancia física colaboró para que nos distanciáramos también en la convivencia y el contacto posterior. Hoy que soy adulto y veo lo importante que han sido en mi vida, he decidido procurarlos y el reencuentro ha sido maravilloso.


Las vacaciones para mis hermanas  y para mí eran una maravilla. Las pasábamos siempre en Guadalajara y algunas veces también iban Gaby y Rafael. Disfrutábamos enormemente porque íbamos con las primas! así que era una fiesta. Eran dos meses, en verano, de convivir con 3 primas en casa, más otras dos que frecuentábamos mucho, de la familia Pérez, y era increíble estar entre puras mujeres.


"Las Guacamayas" nos denominamos (quién sabe porqué). Ellas mayores que nosotros, divirtiéndose con las chiquillas, como siempre hacemos los adultos. Nos vestían del artista del momento y montábamos coreografías en Navidad, salíamos a patinar en la calle, cuando todavía se podía y jugábamos Stop con algunos niños de la cuadra. Nos llevaban a sus escuelas. Entonces ir a la prepa y a la universidad, mientras yo estaba estudiando primaria, me parecía por demás emocionante. En una ocasión hasta le pasé el acordeón a mi prima Montse.


Hay tantas y tantas anécdotas que podría contar de los niños de mi infancia ... en este día del niño, solo quiero darles las gracias. La gente de nuestra infancia es testigo de lo que somos en realidad, de nuestra más pura esencia, y saben cómo éramos de pequeños, y por lo tanto, cómo somos de adultos, en el fondo de nuestro corazón, cuando el caparazón se ha endurecido.

Gracias a ustedes tuve una infancia feliz y en parte por eso soy hoy lo que soy.